
tom cruise preparando cockatils con su sonrisa grimosa
Pues eso, hablemos de nuestro querido Okupa Piñonesco (ese podría ser yo aunque no le quitaremos el puesto al Sr. Galcerán). Nuestro querido okupa piñonesco ha demostrado recientemente sus altísimas cualidades a la hora de sorprender al respetable con ingeniosas actividades fuera de lo común.
Empezó con su intención de convertirse en una especie de Tom Cruise del Vallés, digo esto puesto que el Sr. G. decidió que para Fin de Año nos deleitaria con una cuidada selección de Cocktails y siguió adelante en una clara linea ascendente de imprevisibilidad acabando en una performance muy descabellada en eso que se llama La Bombeta.
El Sr. G. optó por arrastrarnos al Gros Mercat en un alarde de furia incontenida, allí enloquezimos buscando angosturas, licores dulces y demás cosas cocktaileras. Nos mantuvo en vilo, intentando despertar nuestro interés (que de algun modo u otro se despertó) al que nosotros respondimos con celeridad tratando de acabar cuanto antes con la visita al gros mercat.
Dudosos y dubitativos asistimos pues a esa fiesta de Fin de Año que los Palaus perpetraron con el claro convencimiento de generar jolgorio y regocijo por doquier. Y así fue, el Sr. G. mantuvo alto el pabellón de la cocktelería y se mantuvo fiel a sus principios etílicos.
Así pues la velada transcurrió de manera amena y entretenida, tratamos de evitar tomar ninguno de los cocktails (salvo el Bloody Mary) puesto que lo dulce, como muchos ya sabéis no nos interesa demasiado. Sin embargo la tozudez característica del Sr. G. acabó por imperar y nos bebimos un White Russian sin muchos reparos. Sin embargo eso solo fue el preludio de lo que se avecinaba.
La segunda evolución del Sr. G. se produjo una semana después (mas o menos). En los días previos a su “acto” en la Bombeta, el Sr. G. estuvo alimentando la curiosidad de los habituales feligreses de dicho lugar Molletense. Durante varios días el Sr. G. manipuló nuestras consciencias y jugó con nuestras espectativas con la clara intención de crear una expectación no menos merecida.
Llegados a la fecha, partimos hacia la Calle Lluís Duran con el corazón en un puño, los nervios a flower of the skin, y la congoja de lo desconocido asaltándonos a cada esquina. En el lugar, nos encontramos un escenario plagado de cachivaches (muchos sacados de nuestra amada Can Piñón, por cierto), vinilos, objetos, cajas, mantas, ropajes y demás cosas raras.
El Sr. G. apareció en el escenario embutido dentro de unas mallas negras, una americana negra un tanto desgajada y una nariz de payaso. Sin olvidar los andrajosos descansos que sus pies lucían. Empezó el “acto” (lo llamamos así a falta de mejor expresión) que se podría sintetizar en una representación de la vida diaria del Sr. G. pero exagerada por un millón y aun me quedo corto. El acto, se desarrolló de manera dilatada a lo largo de (suponemos) unas 5 horas en las que el Sr. G. nos demostró su talento innato para el aguante, la fuerza y el poder de seducción.
Su “acto” no dejó indiferente a nadie, la deconstruida composición de escenas y gags provocó, risas, resoplidos, carcajadas y estupor, mucho estupor. El ritmo dilatado del acto y la incerteza de la duración de dicho evento mantuvo al público en un estado de hipnosis extraña en el que los sentimientos entrecruzados, las ganas de uir, y la hedonismo visual al espectáculo se paseaban impunemente por nuestras cabezas.
Sin embargo Sr. G. no desvaneció, siguió adelante estoicamente, interpelando al público, insultándolo y sorprendiéndolo una vez mas y otra y otra, y otra … y un sinfín de veces mas… y en el fondo nadie se cansó. Al final todos entendimos la naturaleza del “acto” aprendimos de la aleatoriedad, el caos, lo incontrolable, el humor, la parodia, el desparpajo y la mamarrachería, lo sublime y lo magno, el espacio, el arte del encuentro (en citación directa), el tiempo, la espera, el azar, la improvisación, el evento, el acto, el momento, lo surreal y la sinrazón, y sin saberlo, el Sr. G. usó todo eso, lo pervirtió y se sublevó ante todo y todos, y eso es lo que nos gusta de él… que hace lo que los demás no nos atrevemos a hacer. Y eso es fantástico y fascinante a pesar de las posibles consecuencias de una sostenida actividad de ese cariz.
Asi que nos gustó, nos sorprendió y nos dejo perplejos. Muchos piensan que mis ideas posteriores al “acto” fueron y son desmesuradas, muchos dicen que no debería alimentar a esa bestia, pero sin embargo yo creo que en cierta medida a todos nos dió que pensar (bueno, almenos a mi), pensar en el tedio, el aburrimiento, el sopor y lo presuntuoso del mundo en el que me muevo y la falta que hace ver cosas enloquecidas, insanas y divertidas como fué el Acto del Sr. G. Asi que sin fijarnos en las consecuencias yo aprendí cosas (o almenos recuperé viejas ideas), cosas que quizás nunca haga pero que anhelaré siempre querer hacerlas. Y si un día estoy en ese lugar de los encuentros procuraré jugar con ellos.
Y disculpen una vez mas las faltas, el desorden y la ortografia, pues este texto también es aleatorio, azaroso y impredecible.
ale, un beso, un abrazo y una colleja